Lámina 18

Lámina 18 A. Dibujo de Camilo Moncada
Lámina 18 B. Dibujo de Camilo Moncada
18A. Copia López-Chavero
18B. Copia López-Chavero
Copia Yllanes

Lugar: Tenochtitlan

Glosa alfabética: Tolteca acalotlypan oncan micouac

Escritura Jeroglífica: TONA
CHOLO

Interpretación de Alfredo Chavero (1892)

Quedaba expedito el camino para salir de la ciudad por la calzada de Tlacopan; habían sido tapadas las cortaduras desde el cuartel hasta Tecpantzinco, es decir, hasta donde hoy está el puente de la Mariscala: ahí estaba el canal del Poniente, y adelante había dos acequias, la de Petlacalco donde hoy está San Hipólito, y la llamada Toltecaacalotli, conocida por Puente de Alvarado: para pasar canal y acequias se preparó un puente movible de madera. En junta de capitanes se determinó salir esa noche durante la obscuridad, para ocultar los movimientos y sorprender al enemigo. Era la media noche, los guerreros mexicas dormían; el cielo estaba obscuro y llovía con fuerza. Creyeron los castellanos que nadie podía sentirlos: los presos no los denunciarían, pues antes de partir les dieron muerte á todos. Salió el ejército silencioso; el lodo impedia el ruido, y la obscuridad apagaba el brillo de las armas. A la vanguardia iba Gonzalo de Sandoval con los capitanes Antonio de Quiñones, Diego de Ordáz, Francisco de Lugo, Francisco de Acevedo, Andrés de Tapia y otros de Narvaez, todos á caballo y bien armados, y con doscientos peones y veinte caballeros. Tras ellos marchaban cuatrocientos tlaxcaltecas llevando el puente y al cuidado de defenderlo, con cincuenta rodeleros al mando del capitán Margarino. Mandaba el centro Cortés, con Alonso de Ávila, Cristobal de Olid y Bernardino Vázquez de Tapia; y allí iba la artillería tirada por doscientos cincuenta aliados y apoyada por cuarenta rodeleros, el fardaje cagado por indios, los caballos con el oro der rey y una renta de rodeleros, el fardaje cargado por indios, los caballos con el oro del rey una yegua con el de Cortés, las mujeres, y entre ellas  la de Moteczuma y sus hijas custodiadas por treinta castellanos y trescientos tlaxcaltecas, los prisioneros que por haber mostrado adhesión no habían sido muertos, y unos tres mil guerreros aliados. Cerraban la retaguardía Pedro de Alvarado y Juan Velázquez de León con el resto de peones y caballeros, y otra fuerte sección de tlaxcaltecas. Sería un total de ocho mil hombres. Llegó el ejército sin ser sentido hasta el canal inmediato á Tecpantzinco, sobre el cual Margarino colocó el puente, y pasaron la vanguardia y el centro. Pero los centinelas mexicas dieron en esos momentos la señal de alarma; el sacerdote que estaba de vela en el templo mayor rocó el atambor sagrado, cuyo ronco són como grito desesperado de guerra despertó a la ciudad; de todos los demás templos contestaron los sacerdotes con atambores y bocinas que atronaron el aire; los jefes guerreros rugieron ataque con sus espantosos caracoles; el ejército mexica se precipitó sobre el de Cortés, alcanzando á la retaguardia en Tecpantzinco. Los mexicas se apoderaron del puente; una pequeña parte con Alvarado pudo pasar; y el resto, viéndose cortado, rompió por entre los enemigos y volvió al cuartel. La vanguardia y especialmente la caballería, iba de prisa sepárandose del centro, y como podía salvaba las zanjas. Cort{es con cien peones y cinco de á caballo, había hecho lo mismo metiéndose en el agua. Después de Petlacalco comenzaba la calzada rodeada de agua á ambos lados: á ella se lanzó ya en desorden el centro y lo salvado de la retaguardia. En el empujo se llenó la zanja co los muertos y ahogados: ahí fué la mayor matanza; por tierra arremetían escuadrones mexicas; de las azoteas arrojaban piedras, dardos y flechas; por la parte de la laguna atacaban e canoas y saltaban á tierra los guerreros, y con unas lanzas muy largas, hechas con las espadas quitadas á los españoles, les mataban los caballos; la artillería no podía maniobrar, y de nada servían los arcabuces. Los que de Petlacalco escaparon, dieron en el último zanjón llamado Totlecaacalotlipan: Bernal Díaz con cincuenta peones lo pasó, así como otro grupo de soldados animosos; y después Pedro de Alvarado, que llegó desmontado y herido, lo cruzó por una viga, y del otro lado montó á las ancas del caballo de Gamboa. Otros muchos fugitivos llenaron con sus cuerpos el fatal zanjón, salvándose no pocos que sobre ellos pasaron. Todavía Cortés volvió sobre la calzada con Sandoval, Olid, Ávila, Morla Domínguez, otros caballeros y algunos peones; pero encontró á Alvarado con siete castellanos y ocho tlaxcaltecas, todos heridos; y como le dijese que ya á nadie se podía salvar, se volvió. los mexicas persiguieron á los restos del ejército en sus canoas, hasta que pasaron la calzada. Aquella noche terrible se llama en la historia la Noche Triste. La pintura décimoctava muestra parte de estos sucesos, desde que entró el ejército en la calzada: asi es que no están representados los combates de Tecpantzinco y Petlacalco. En la primera parte se ve al ejército, representado por Cortés á caballo, un rodelero y cuatro tlaxcaltecas, los cuales caminar y son atacados de ambos lados por indios que van e canoas. Síguese el zanjón con una leyenda mexicana que dice: TOLTECAACALOTLI YPAN ONCAN MICOVAC, la cual significa En la cortadura llamada Toltecaacalotli, allí son muertos. Allí se ve á varios tlaxcaltecas ahogándose, á un soldado español que gana la orilla, y á un capitán castellano á quien toma de un pie un guerrero águila. Acaso con esto se quiso representar la muerte de Velázquez de León, aunque murió en Tecpantzinco. Del otro lado del zanjón marchan los tlaxcaltecas que se habían salvado, siempre atacados de las canoas. En la segunda parte, siempre batidos de las canoas, se ve á Cortés y á un jefe tlaxcalteca á caballo, que huyen á galope: delante va un capitán español á caballo, tres guerreros tlaxcaltecas. Alvarado á caballo, y á pie á su lado uno de los señores tlaxcaltecas. Se conoce á Alvarado por el sol que está sobre él, pues por ser rubio le decían los mexicanos Tonatiuh, que significa sol. El jeroglífico del señor tlaxcalteca se compone de una pierna roja de animal y un sobre sauz huexolotl, y acaso pudiera ser Tlehuexolotzin. El ejército de Cortés, comprendidos os soldados de Narvaez que le había incorporado, se componía de mil seiscientos españoles y unos siete mil indios. La pérdida fue de unos mil españoles unos cuatro mil indios, ochenta caballos, la artillería y mucho oro. Cortés dice que en esta batalla murieron Cacama rey de Texcoco y Totoquihuatzin rey de Tlacopan; pero ya vimos que, por su orden, mataron á los prisioneros antes de la salida.

Interpretación Josefina García Quintana y Carlos Martínez Marín (1983)

Huida de los españoles.

A punto ya de sucumbir, Cortés y sus capitanes acordaron intentar una salida a todo trance. Habían ya arrojado al exterior los cuerpos de Motecuhzoma y de Itzcuauhtzin, gobernador de Tlatelolco. Intentaron previamente hacer las paces con los mexicanos con la promesa de salir de la ciudad y entregarles el oro que habían reunido. Pero todo en vano, su único recurso fue huir como se pudiera. Convinieron en salir de noche para no ser sentidos y reunieron cuanto tenían inclusive  el otro que cada quien pudo guardar para sí. Se fabricó un puente de madera que llevaron cargando cincuenta soldados para poder atravesar las acequias, ya que los puentes que en ellas servían habían sido retirados por los mexicas. El camino que menos dificultades presentan para la huida era la calzada que salía de la parte poniente del recinto del Templo Mayor hacia el pueblo de Tlacopan y donde había menos cortaduras que atravesar, pero el puente alcanzó únicamente para que pudieran pasar las primeras acequias, y en el lugar que se llamaba Tecpantzinco, murieron algunos y tuvieron que regresar otros a refugiarse en las css de donde habían salido, ya que las maniobras no fueron hechas tan en silencio como habrían deseado los que huían y al ser descubiertos  se vieron atacados desde ambos lados de la calzada por la multitud de guerreros que se reunieron al oír la voz de alarma. El paso más difícil fue el de la acequia nombrada Tolteca Acalotli. En ese sitio el puente de madera fabricado por los españoles ya no fue útil y los que lograron salvarse lo hicieron pasando por encima de los cuerpos de hombres y caballos que en la desbandada habían caído al agua y cegado la acequia. En las láminas dieciocho y dieciocho bis, que en el Lienzo corresponden a una sola, están representados diverso momentos de la huida de los españoles y de sus aliado por la calzada de Tlacopan. En primer término se ve a Cortés y a varios soldados españoles y tlaxcaltecas iniciando la retirada. En seguida se muestra el momento más difícil y desastroso, cuando se atraviesa la acequia Tolteca Acalotli; ésta aparece llena de hombres que han caído al agua y cuyos cuerpos hicieron posible que otros siguieran adelante. Los que se salvaron están ya del otro lado del canal y se les ve todavía de huida. Aquí van dos personas cabalgando; una de ellas es Cortés y la otra podría ser María de Estrada, mujer española venían con el ejército y de quien se cuenta que peleó aquella noche como el mejor soldado. Finalmente está Pedro de Alvarado a quien se identifica por el sol dibujado sobre él y el que alude al nombre Tonatiuh con el que lo designaron los indígenas. Este es el episodio final de la huida, ya que Alvarado venía en la retaguardia y poco faltó para que muriera en la acequia en la que tantos quedaron. Al parecer ya a salvo, e entiende que esta parte de la lámina se refiere al final de la retirada. Por el número de tlaxcaltecas que se ve en esta escena, podría pensarse que se salvaron muchos, pero la realidad es que la mayoría pereció en este tránsito. a todo lo largo de la calzada y en ambos lados, los guerreros mexicanos dan combate desde sus canoas. El glifo el ángulo superior derecho, un árbol y una pata de venado, parecería corresponder al personaje que va delante de Alvarado. Sin embuhargo, ninguna fuente menciona a nadie llamado Cuauhcholoca y además este tlaxcalteca en la copia de Yllañes está señalado con el nombre de Calmecahua. Hipotéticamente podría plantearse que este glifo alude a la casi portentosa escapatoria que Pedro de Alvarado pudo realizar esa noche y que al correr de los años dio pie a la fábula de que había saltado sobre la acequia que era muy ancha y que estaba atravesada por maderos sobre los cuales se asentaba cotidianamente el puente.

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