Lámina 19

Dibujo de Camilo Moncada
Copia López-Chavero/Copia Yllanes

Lugar: Tlacopan

Glosa alfabética: Tlacopan

Escritura Jeroglífica: TLAKO

Interpretación de Alfredo Chavero (1892)

La pintura décimonovena muestra la llegada á Tlacopan, hoy Tacuba de Cortés con los restos de su ejército. Se representa el lugar con un templo, y además de que junto a él se ve el nombre de Tlacopan, se significa también con unas jarillas que eran su jeroglífico. Un hombre caído abajo del templo y expresa que ahí hubo combate. Alvarado á quien se conoce pos su cabello rubio, llega pa caballo con laza; y lo siguen dos guerreros tlaxcaltecas, y Marina y Doña Luisa, la hija de Xicotencatl, que se habían salvado. A los lados también llega el ejército de indios aliados que quedaban después de la derrota. Apenas en Tlacopan, como siguiesen la persecución los mexicas y viese alborotados á los tepanecas, antes de que tomasen éstos las azoteas, Cortés ordenó á los suyos y los sacó á unos maizales, sosteniendo él siempre á caballo y sin descanso la refriega. Los que aceptaban la fábula de que Cortés lloró bajo el ahuehuete de Popotla, ó en el teocalli de Tacuba como quiere el Sr. Orozco, no están en lo cierto: si con esto lo rebaja la leyenda en la tremenda lucha de aquella noche memorable, la historia por el contrario lo realza, pues no se bajó un instante del caballo, y no se detuvo ni en Popotla ni en Tlacopan; y ni tiempo tuvo para llorar, sino sólo para batallar sin descanso.

Interpretación Josefina García Quintana y Carlos Martínez Marín (1983)

Llegada a Tlacopan. Tlacopan era el asiento del señorío que junto con Tenochtitlán y Tetzcoco formaba parte de la Triple Alianza Sin embargo, de los tres era el que tenía menos peso político y, de hecho, en los tiempos de la conquista era más bien un pueblo sujeto a México. Tal vez esa haya sido la razón por la que lo tepanecas, sus habitantes, no mostraran mucho interés en rechazar con las armas a los españoles y demás indios aliados que llegaban por la calzada maltrechos y diezmados. Cuando amanecía, Hernán Cortés llegó hasta el centro de Tlacopan donde encontró que un buen número de gente, entre españoles y aliados, estaba ya en el pueblo sin saber qué hacer o a dónde ir. Las pérdidas habían sido cuantiosas: toda la artillería, lo más de los arcabuces y la pólvora, y miles de elementos humanos; sólo  se salvaron los que tuvieran en menos el oro que la vida. No pudieron rehacerse en Tlacopan ni descansar, pues aun cuando los tepanecas poco o nada los combatieron, pronto llegraon hasta allí escuadrones mexicanos en persecución de los españoles reprochando su pasividad a los de Tlacopan y Azcapotzalco, que estaba cerca. En la lámina número diecinueve está representada la llegada de los fugitivos a Tlacopan cuyo nombre está escrito al lado de su glifo que consiste en el templo, símbolo de lugar o pueblo, y unas varas (tlacotl). En la delantera va un español a caballo que podría ser Alvarado por el color de cabello, pero que simboliza a todos los españoles que salieron ilesos. Detrás, están los indios tlaxcaltecas y dos mujeres: una de ellas es Marina, y la otra -de acuerdo a las crónicas- es doña Luisa, hija de Xicoténcatl. Los guerreros con escudo y macana son los mexicas que persiguen a sus enemigos y que no permiten que la llegada es éstos a Tlacopan sea del todo tranquila, como lo indica el indio caído, en representación de pelea.

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