Lámina 26

Dibujo de Camilo Moncada
Copia López-Chavero/Copia Yllanes

Lugar: Temalacatitlan

Glosa alfabética: Pectzicatla Temalacatitlan

Escritura Jeroglífica: PETZIKA-TEMALAKA

Interpretación de Alfredo Chavero (1892)

A la mañana siguiente, sábado 7 de Julio, como el ejército tenía que bajar de las laderas que corren por el Norte del valle de Otompan, y atravesar la llanura para tomar el camino de Tlaxcalla, y cada día aumentaba la gente enemiga y más reciamente lo combatía, dispuso Cortés que la marcha se hiciera más compacta, y que ya no fuesen los heridos á la grupa de los caballos.

Desde que los castellanos salieron del Valle de México, los aculhuas de Texcoco, por verlos en su territorio y estar cercanos, comenzaron á perseguirlos; y cada día aumentaban su ejército con los indios de la localidad y el refuerzo de mexicas enviado por Cuitlahuac.

Legua y media habían andado las huestes española y tlaxcalteca, y comenzaban á penetrar en el llano, cuando se encontraron con grandes escuadrones de indios tendidos por aquellos campos, los cuales daban espantosos alaridos y saltos, blandiendo las macanas y arrojando muchas varas y piedras. En un momento quedaron rodeados y envueltos los soldados de Cortés por aquella multitud de contrarios. El pequeño ejército parecía, según la bella imagen de Sahagún, una goleta en el mar, combatida de las olas por todas partes.

Aquella multitud de indios se componía, no solamente de los que habían seguido la persecución de los españoles,  y de los acolhuas y mexicas, sino que se le habían agregado numerosos aliados de Tlalnepantla, Cuauhtitlan, Tollan, Teneyocan y Otompan; y de refuerzo marchaban ya escuadrones mayores de mexicas y tepanecas, chalcas, xochimilcas y texcucanos.

En tal aprieto, la táctica de Cortés fue marchar en grupo compacto, abriéndose paso con avances de la caballería, y procurando más defenderse que hacer daño.

Varias veces los indios habían hecho replegar á los caballeros al abrigo de los peones; el mal que espadas y lanzas les causaban, era de poca importancia; y cualquier pérdida se cubría por mayor cantidad de guerreros que entraban en combate. Duraba ya la brega cuatro horas, y para fortuna de Cortés, aquella multitud era un conjunto desorganizado, y no llegaba el ejército aguerrido y ordenado que de México enviaba Cuitlahuac. Sin embargo, con el cansancio del combate y con ver tal número de enemigos, los españoles comenzaban á desmayar.

Creyó Cortés necesario hacer un esfuerzo supremo; y como viese en un cerillo á un guerrero que empuñaba un estandarte, y que iba cargado en andas por principales y rodeado de numerosa guardia, y aparecía como jefe y centro de la batalla, mandó cargar sobre él. Según el Sr. Orozco era el Cihuacoatl, que empuñaba el Tlahuizmatlaxopilli ó gran estandarte, compuesto de una asta cuya parte superior colgaba una red de oro. Pero en primer lugar, el gran estandarte de los mexicas era el Quetzaltonatiuh, compuesto de un sol de oro rodeado de hermoso plumaje; y además encontramos en el manuscrito de Chimalpáin, que Cuitlahuac había nombrado Cihuacoatl á Matlatzincatzin, y como el jeroglífico de éste debía tener necesariamente una red, creemos que al leer las pinturas se tomó su nombre por bandera. Este Matlatzincatzin aparece en el manuscrito como hermano de Cuitlahuac.

Sea lo que fuere, Cortés montó en un recio potro que traía Juan Salamanca, y con Sandoval, Olid, Ávila y Domínguez, cayó sobre aquel jefe guerrero, y con el encuentro del caballo lo derribó de las andas, y ahí le arrancaron la vida. Desconcertó de tal manera á los indios la muerte de su jefe, que comenzaron á desamparar el campo y á huir. Cortés mandó entonces cargar á la caballería, y con esto á poco había obtenido la victoria. La nueva llegó al ejército que enviaba Cuitlahuac, y con ella se volvió á México.

Se cuenta que en esta batalla perecieron casi todos los tlaxcaltecas, y que se distinguió por su valor a Calmecahua hermano de Maxixcatzin. De los castellanos se salvaron cuatrocientos cuarenta peones, veinte caballos, doce ballesteros y siete escopeteros.

Esta fue la famosa batalla de Otumba.

Muñoz Camargo dice que tuvo lugar antes de la ciudad, en los llanos de Aztaquemecan; pero ya vimos al explicar la pintura respectiva, que no hubo allí combate en forma, y que en ella los indios se limitan á atacar la marcha del ejército de Cortés. La batalla se verificó en las llanuras de Temalcatitlan, que se extendían adelante de Otumba; y en la pintura vigésima sexta se lee este nombre, siempre en caracteres góticos.

En ella se presentan grandes escuadrones de indios, que cierran el paso á tlaxcaltecas y españoles: éstos están en grupo compacto en el lado opuesto, y entre ellos Marina. Expresan el ataque tres guerreros tlaxcaltecas que avanzan sobre el enemigo: y en el centro Cortés, de punta en blanco y á caballo, da muerte con su lanza al jefe contrario, que caen una loma bien figurada en la pintura. El nombre de este lugar es Petzicatla, que además de estar escrito, se significa con su jeroglífico, que se compone de tres tallos de la yerba petzicatl.

Interpretación Josefina García Quintana y Carlos Martínez Marín (1983)

[…] pues la lámina número veintiseis muestra, en lo más recio del combate, a los españoles y tlaxcaltecas que se enfrentan a numerosos indios enemigos; yacen también por el suelo, muertos, armas y proyectiles […]  En la lámina número veintiseis, sobre una elevación del terreno, hay una planta llamada petzícatl, la cual constituye el glifo de Petzicatla Temalacatitlan.

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