Lámina 47

Dibujo de Camilo Moncada
Copia López-Chavero/Copia Yllanes

Lugar: Tenochtitlán

Glosa alfabética: Copolco zoimicca yn capitan
el capitán Tamaxautzin tlaxcalteco, quita a Cortés del poder del enemigo

Interpretación de Alfredo Chavero (1892)

Cuauhtemoc no descansaba un momento, y á los asaltos contestaba con ataques nocturnos y continuados. al ver el templo mayor en poder de los castellanos, retiró su ampo de operaciones á la parte Norte de Tenochtitlan y Tletelolco, y él situó en el Tlacochcalco, que estaba donde hoy se alza la iglesia de Santa Ana. La línea de los mexicas se extendía desde la que hoy ocupan San Hipólito y el Puente de a Mariscala por la Concepciòn, hasta el terreno en que se encuentran las calles del Puente de Santo Domingo y del Carmen, el cual quedaba defendido por el canal el Norte. Alvarado poco había adelantado en el Poniente de la ciudad y no se había podido comunicar con Cortés; y Gonzalo de Sandoval con la flota, había hecho desembarcos desgraciados en la parte de Tlatelolco. En tales circunstancias, Cuauhtemoc reunió en consejo á los grandes mexicas, y todos decidieron que era mejor morir. Llegó el domingo 30 de Junio, aniversario de la Noche Triste, y Cortés por vengarla, dispuso un asalto general. Alvarado que había conseguido penetrar en los terrenos que caen à la izquierda de la atual calsada de Santa María, por donde entonces corróa un ancho canal, debía atacar el Tlatelolco, reforzado por Sandoval y auxiliado por sus berganties, pues en aquella época se extendía el lago por la parte Norte de la ciudad. De Xoloc salieron á apoyar el ataque por el Oriente, siete bergantines y mà de tres mil canoas de los alidados. Y Cortès con su cuerpo de ejército partiò del templ mayor, Dividióse este ejército en tres columnas. La del centro siguió la gran calzada que partía del templo mayor, y ocupaba aproximadamente las calles que hoy se llaman Relox: formábala Alerete con sesenta peones y veinte mil aliados, cubriendo su retaguardia con ocho caballeros. Andrés de Tapia mandaba la del flanco izquierdo, y llevaba ochenta peones y más de diez mil indios; y con ella marchó por las calles que hoy son de Santo Domingo, dejando al principio de aquel camino ocho caballeros y dos cañones, para impedir que los mexicas le tomasen la retaguardia. Cortés siguió la calle que quedaba á la derecha de la calzada del templo mayor, y que salia á Copolco, lugar donde hoy está la iglesia de San Sebastián, llevando la mayor fuerza, compuesta de cien peones, veinticinco escopeteros y ballesteros, el gran resto de aliados, y ocho caballeros que dejó apostados para cubrir su avance. Llegó sin contratiempo el capitán extremeño al canal del Norte, y apoyado por una pieza de artillería lo tomó; y formando después un puente con carrizos, empezó á pasarlo con su fuerza. En esos momentos se oyó á lo lejos el terrible caracol de Cuauhtemoc que tocaba alarma; inmensa gritería de indios le contstó; y envuelto Alderete con los suyos, se replegó dando sobre el puente de Cortés y hundiéndolo. A poco la derrota era general: Alvarado había sido rechazado; y Cortés estuvo á punto de perecer, ya prisionero de los mexicas, reti`randose herido. Conmemora esta batalla la pintura cuadragésimaséptima. Se ve el canal en que se hunden indios y castellanos derrotados; los mexicas desde sus canoas los atacan con lanzas; un español saca su caballo del agua; un caballero ya desmontado combate en una orilla con tres guerreros contrarios; y en la opuesta hace fuego un cañón, y dos jefes mexicanos prenden a Cortés. La leyenda de esta pintura dice: COPOLCO YOLITZMINA YU CAPITAN, que significa Copolco: aquí fué sangrado ó herido el Capitan.

Interpretación Josefina García Quintana y Carlos Martínez Marín (1983)

Revés de los españoles. Además del hambre y la sed que padecían los mexicanos, la enfermedad comenzí también a cobrar víctimas, pues la gran cantidad de muertos infestaba el aire y el agua de las acequias. Sin embargo, aún se defendieron, aún tuvieron ánimos para pelear. Los castellanos y sus aliados tuvieron mejor suerte ya que recibían de fuera alimentos y refuerzos; no obstante, también sufrían reveses. A esto se refiere la lámina cuarenta y siete, cuando se repitió lo que había acontecido un año antes durante la huida hacia Tlacopan. Instigado por los impacientes que no veían la hora de cobrar la recompendsa, decidió Cortés que se hiciera un entrada al mercado de Tlatelolco. A Alvarado y a Sandoval les ordenó que fueran por calzada de Tlacopan y a los que estaban con él, que fueran cargando los pasos de las acequias conforme los fueran tomando. Pero los defensores, tlatelolcas y tenochcas, hicieron huir a los que iban en la delantera y en ello perecieron muchos que caían en el agua, pues los pasos que se habían cegado en las acequias no soportaron el peso de tanta gente desbandada. Hernán Cortés, que se vio envuelto en la confusión, fue aprehendido por los mexicanos y en un momento estuvo a punto de ser llevado a sacrificar si no fuera porque Antonio de Quiñones, capitán de su guardia, acudió en su auxilio y lo rescató de manos de sus captores. El lugar donde aconteció esto se llamaba Copolco. En la lámina número cuarenta y siete se muestra la acequia llena de los indios y españoles que se ahogaron en ella; a un lado los mexicanos que atacan en gran número; y al otro Hernán Cortés en el momento de ser salvado, no por Quiñones, sino por los tlaxcaltecas. En la copia de Yllañes se lee lo siguiente: “el capitán Tamaxautzin tlaxcalteco, quita a Cortés del poder del enemigo”.

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